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viernes, 12 de marzo de 2021

30 MONEDAS - ROQUE BAÑOS

TÍTULO: 30 Monedas
AUTOR: Roque Baños
AÑO: 2020
ESTILO: Banda Sonora Original
SELLO: Meliam

"El padre Vergara huye de su pasado refugiándose del mismísimo demonio, que le persigue para recuperar un tesoro, una de las 30 monedas por las que Judas traicionó a Cristo. Es hora de volver a enfrentarse a él y, esta vez, está preparado.
El mal tiene un precio...".

La semana pasada acabé de ver la primera temporada de "30 Monedas" y puedo decir que me he divertido mucho con la serie. No es brillante y tiene algunos - pocos - defectillos, pero me parece un producto genial, con el que he disfrutado como un enano y que me ha ofrecido todo lo que podía esperar de ella.

Álex de la Iglesia - de la mano de su inseparable Jorge Guerricaechevarría - se ha lanzado al que, quizá, sea su proyecto más ambicioso hasta la fecha y lo ha hecho exprimiendo todo ese arsenal de referencias, guiños e inspiraciones que lo han acompañado desde que debutara en 1993 con "Acción Mutante". El director bilbaíno, fiel a sus raíces, ha condensado en la serie "30 Monedas" su fascinación por el terror clásico, la admiración por el cine de John Carpenter y Larry Cohen, su afición por los juegos de rol (en especial, La Llamada de Cthulhu, interés que compartimos), su tendencia al humor negro costumbrista y al folklore más tradicional relacionado con el demonio y la brujería, sin olvidar la presencia del componente religioso y su poderosa imaginería.

Terror, fantasía y acción desatados en un cúmulo de viejos sueños, obsesiones y pasiones de Álex de la Iglesia que, por fin, ven la luz en un remoto pueblo de Segovia... que Nodens os proteja.

"30 Monedas" es una serie potente que mete en la batidora buena parte de mis hobbies y tampoco es la primera vez que en el blog publico entradas relacionadas con Howard Phillips Lovecraft o los Mitos de Cthulhu, así que no podía perderme por nada del mundo esta producción de la HBO... pero, más allá de valorar la serie, que para eso ya hay portales especializados (o no), mi intención es comentar el trabajo del compositor Roque Baños, encargado de musicar esta suerte de partida de rol convertida en serie oscura y demencial de terroríficas aventuras.


No es la primera vez, ni será la última, que Roque Baños trabaja con Álex de la Iglesia. De hecho, su primera colaboración se produce en el año 1999, cuando compone la banda sonora de "Muertos de risa" y, posteriormente, volverán a encontrarse en "La Comunidad" (2000), "800 balas" (2002), "Crimen ferpecto" (2004), "Los crímenes de Oxford" (2008), con la que ganó el Goya, o "Balada triste de trompeta" (2010). También es suya es la música de destacadas películas de nuestro cine como "Celda 211", "El Maquinista", "Alatriste", "Zona hostil" o "La flaqueza del bolchevique", sin olvidar, además, que el músico de Jumilla es uno de nuestros compositores más internacionales y que ha participado en diversas producciones norteamericanas y europeas. Finalmente, para cerrar este breve repaso a su carrera, recordar que también ganó el Goya - al que ha estado nominado en 12 ocasiones - por sus composiciones para "Las 13 Rosas" y "Salomé" (en este caso, a la mejor canción). 


La música de Roque Baños es un ingrediente más del caldo de inquietud y tensión cocinado por Álex de la Iglesia. Es más, me atrevería a decir que es unos de los ingredientes fundamentales de la serie "30 Monedas" y que sin él, algunas de sus escenas, momentos y personajes, quizá no producirían el mismo efecto. Suya es la virtud de enfatizar el caos y el terror, suya la "culpa" de enervar al espectador, suya la responsabilidad de compartir el particular infierno del Padre Vergara... la composición de Baños es lóbrega y, a veces, delirante, siendo plenamente capaz de contribuir al desasosiego y no dar mucha tregua. Sí, es cierto, hay momentos algo más tranquilos, pero sólo son aquellos de carga más dramática, así que tampoco es que conceda demasiados respiros.


La misma violencia, congoja, locura y oscuridad que salpica la serie, queda recogida en la partitura de Roque Baños. No es una de aquellas bandas sonoras que te pondrías para una bonita y soleada mañana de domingo porque, lo más probable, es que terminara estropeándote la mañana. Y no lo digo como crítica, sino como una virtud en su concepción porque ése, y no otro, es el propósito de la música de "30 Monedas": complicarte el día. Algo parecido sucede con la serie; lo que parece un mal día o un día de lo más extraño, tiene una desquiciante prolongación durante semanas y meses que deriva en situaciones que no logras comprender, que escapan a tus capacidades porque son inconcebibles, pero... lo peor es que no acabas de ver el final de ese larguísimo día porque su final tiene un origen remoto y un siniestro pasado. Y esa titánica epopeya rural de los protagonistas es acompañada por la composición de Roque Baños, casi atormentándolos, empujándolos sin compasión hacia una espectacular y terrorífica catarsis.

Para muestra de lo que ofrece la partitura de Roque Baños, sólo es necesario escuchar la apertura de la serie; una especie de música de Semana Santa casi diabólica, una procesión religiosa que, más que acercarnos a la salvación, nos arrastra a la locura. Esa introducción define perfectamente el tortuoso camino por el que transcurrirá "30 Monedas" (este tema, además, irá apareciendo a lo largo de la serie).


Es una banda sonora perfecta para este thriller de terror y fantasía, una música perturbadora, intranquila, intensa y, en algunos pasajes, casi virulenta, que le viene como anillo al dedo a la serie. Álex de la Iglesia dijo una vez "La música de Roque Baños forma parte del plano, no se añade, sino que lo hace más comprensible y emocionante" y lo cierto es que en "30 Monedas" el compositor lo ha vuelto a hacer.

Roque Baños ha conseguido una música potente y poderosa, por una parte, pero al mismo tiempo ha compuesto melodías asfixiantes y enajenadas, siguiendo el ritmo frenético de la serie y adaptándose, en armoniosa combinación, con los diálogos, las secuencias y la historia de "30 Monedas". La música no es un simple relleno, es un actor más de la serie que logra, mediante el juego de contrastes y la sensación de caos, impactar sobre la audiencia de manera inclemente; Álex de la Iglesia, sin duda, debe estar muy satisfecho.

¡Deseando que llegue la segunda temporada!

VALORACIÓN: 7'5/10

miércoles, 15 de mayo de 2013

HORRENDO CAZADOR

Llevábamos un par de días cerca de El Cairo estudiando los movimientos de la Hermandad del Faraón, una secta encabezada por el infame Omar Shakti que pretendía contactar con Nyarlathotep... ilusos descerebrados, aquello los podría consumir en un horror infinito. 

Acampados a las afueras de su base, en Avaris, esperamos a que cayera la noche, deseando que las estrellas nos brindasen su protección. Desde una pequeña duna muy próxima vimos centenares de antorchas prendidas alrededor de un primitivo altar de piedra desgastada; unos cuantos adoradores habían empezado el culto y, Shakti, que ejercía sumo sacerdote y hechicero, agitaba los brazos frenéticamente mientras cantaba algo ininteligible con inquietante voz gutural. No sé si era el mejor momento para detener aquella locura, pero no íbamos a tener muchas oportunidades más.

Saltamos desde la duna para interrumpir el ritual, abriendo fuego a discreción, y un buen número de sectarios soltó sus antorchas y empezó a correr, pero otros salieron de sus escondrijos para hacernos frente. Judas y Razor, que avanzaban a mi lado, gritaban como posesos mientras disparaban sus escopetas del 12, los fusiles de Mad, Bill y John silbaban encima de nuestras cabezas limpiándonos el camino, pero la principal preocupación se dibujó en el cielo...

Una colosal silueta oscureció la luz de la Luna y allí, desafiante, una serpiente alada mostraba su grotesca boca rugiente. El servidor de Nyarlathotep, seguramente convocado a la desesperada por el maldito Shakti, venía a proteger a su señor: ¡Pues vuela bastardo, veamos de qué estás hecho!

jueves, 21 de marzo de 2013

NYARLATHOTEP

Estábamos en Woodbrige, Inglaterra, ascendiendo el serpenteante curso del río Deben entre vegetación y pedruscos. Los lugareños nos habían indicado cómo llegar a un lugar llamado Sutton Hoo. Aunque no solían acercarse mucho por la zona, algún pastor de ovejas sí había nos asegurado que hasta allí moraban las brujas para celebrar ritos paganos relacionados con el diablo. Podían ser meras supersticiones locales, historias para no dormir, pero no era la primera vez que una simple leyenda se transformaba en algo demasiado real.

Sutton Hoo era el emplazamiento de dos antiguos cementerios medievales y, aunque durante algún tiempo se llevaron a cabo varias excavaciones arqueológicas, estas terminaron por abandonarse. Al parecer, muchos de los profesores y ayudantes de campo se habían negado a volver al lugar porque los malos espíritus los habían ahuyentado; pesadillas, ruidos extraños, alimañas, desaparición de material e incluso algún trabajador del que nunca más se supo.

Y allí estábamos nosotros ahora. La noche era cerrada, escasas nubes y brillantes estrellas decoraban el cielo y, a medida que nos íbamos acercando al maldito lugar, podían escucharse cánticos y veíamos la luz que desprendían varias hogueras… Asomamos las cabezas entre los matorrales y varias siluetas danzaban alrededor de los fuegos: debía haber unas cuarenta personas reunidas allí, pero, de entre todas ellas, destacaba una sola silueta que no bailaba y sobre la que parecía girar todo el ritual. Aquella figura central lo observaba todo con evidente satisfacción. Sobre él parecían converger todas las sombras proyectadas por las llamas, pues su color era negro como el carbón.

¿Podía tratarse de… ? no, no podía ser él…

Salimos de nuestro escondite armas en mano, dispuestos a terminar con aquella danza macabra. Unos cuantos sectarios drogados y en trance no supondrían un problema. Seguro que después de que cayera el primero de ellos, la mayoría se daría a la fuga, así que debíamos centrarnos en aquel extraño hombre negro.

Algunos sectarios empezaron a correr hacia nosotros gritando como locos, pero entre toda aquella marea de gente, él caminaba o más bien se deslizaba, mirándonos aburrido, como diciendo “Para qué venís a molestar…”. Entonces, empezó a sonreír mientras canturreaba, adoptando una mueca de grotesca satisfacción que empezó a crisparme los nervios. Y esa mirada, de una inteligencia muy superior, esa maldita mirada…

Oí los primeros disparos y tres sectarios cayeron al suelo mientras el resto seguía corriendo a nuestro encuentro. De pronto, el brazo que sostenía la escopeta de Randers se ennegreció y consumió, el grito de Norris hizo que me girara para ver como su pierna había sido amputada de golpe… Miré al hombre negro y su sonrisa era más amplia y siniestra aún: ¡Mierda, sí, era ÉL!

Grité a mis camaradas que se olvidaran de los sectarios y abatieran al hombre negro, que ahora alzaba sus brazos al cielo y cantaba aún más alto. Y abrimos fuego; los cañones al rojo vivo humeaban y los casquillos de bala volaban entre gritos y rabia… y cayó al suelo. Cuando nos estábamos acercando, el cuerpo empezó a hincharse y temblar, hasta que reventó y de aquella masa informe emergió, ululante, una colosal y desgarradora figura coronada por una especie de espantosa lengua roja. Fue horrible comprobar como aquella cosa se fijó en mí antes de desaparecer en el cielo sin más.