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jueves, 30 de mayo de 2013

TRILOGÍA EL PRÍNCIPE DE NADA - Richard Scott Bakker

TÍTULO: El Príncipe de Nada
LIBROS: I. En el Principio fue la Oscuridad
            II. El Profeta Guerrero
            III. El Pensamiento de las Mil Caras
AUTOR: Richard Scott Bakker
EDITORIAL: Timun Mas
AÑO: 2005, 2006 y 2007
GÉNERO: Fantasía Épica

"Ésta es la historia de una gran y trágica guerra santa, de poderosas facciones que trataron de poseerla y pervertirla, y de un hijo en busca de su padre. Y, como en todas las historias, somos nosotros, los supervivientes, los que escribiremos su conclusión. Dos mil años han transcurrido desde el Apocalipsis. Ahora, el Shiriah de los Mil Templos ha declarado la Guerra Santa para arrancar la Ciudad Santa del Último Profeta de las manos de sus infieles moradores. Un hechicero, una concubina y un guerrero quedan cautivados por un misterioso viajero y caen bajo su yugo, mientras lo que empieza como una guerra de hombres amenaza con llegar a ser la primera batalla del Segundo Apocalipsis".

Había leído buenas críticas sobre la trilogía de R. Scott Bakker y, por aquel entonces, buscaba nuevos horizontes de fantasía épica aún inmerso en la depresión post "Canción de Hielo y Fuego", ya que Martin me había dejado huérfano y desvalido a la espera de la continuación de su impresionante saga. 

En esas, buscando en foros especializados, aparecía mencionada en varias ocasiones la trilogía del autor canadiense, "El Príncipe de Nada", y como estaba con el mono, pues caí en la tentación y la compré. Además, Scott Bakker había declarado que parte de su inspiración venía del venerado Tolkien y de Frank Herbert, ahí es nada.

Cierto que la trilogía abordaba el tema religioso y, por ende, los fanatismos y que enmarcaba la acción en una especie de Guerra Santa de fieles contra infieles (aunque eso de la fidelidad siempre depende del lado en el que estés y no deja de ser muy relativo). No soy muy religioso y tampoco es un tema que me apasione, pero me parecía interesante su abordaje desde la óptica de la fantasía épica, introduciendo elementos como la hechicería, escuelas de magos, poderosos guerreros y lugares remotos y exóticos.

La trilogía se sitúa en el continente de Eärwa, donde se han ido desarrollando las diferentes civilizaciones después del Apocalipsis, una época oscura durante la que el No Dios, convocado por El Consulto caminó entre los hombres sembrando el caos y la muerte. Pero parece que, de nuevo, la tensión crece y los tambores de guerra resuenan. Las diferentes facciones del continente volverán a enfrentarse por cuestiones religiosas, reclamando territorios sagrados, tratando de saldar viejas rencillas y exaltados por la fe. En ese escenario se desenvolverán e irán apareciendo los diferentes personajes de la trilogía, ensanchando las fronteras y los motivos del conflicto de tal manera que, al final, estará en juego algo más que la religión y donde las escuelas de magia (Los Chapiteles Escarlata, El Mandato o el citado Consulto) le darán una nueva dimensión a una Guerra Santa que amenaza con devenir en un segundo Apocalipsis. Por si fuera poco, dos personajes antagónicos terminarán de aderezar la trama: Anasûnimbor Kelhus y Cnaiür urs Skiotha.

Kelhus pertenece al antiguo pueblo dûnyainos, ansiosos de ampliar constantemente su conocimiento y poseedores de una inteligencia sobrehumana, y será el vertebrador de la historia. Un tipo tan encantador como arrogante, al que la gente adora  y odia al mismo tiempo y que no puede evitar humillar o dar lecciones a todo el que se cruza en su camino... a pesar de eso, su carisma y su superioridad, terminarán por convertirlo en el Profeta Guerrero.

Cnaiür, el scylvendio, no deja de ser el prototipo de bárbaro venido del Norte. Noble, rudo, fuerte, con cicatrices repartidas por el cuerpo a modo de muescas, carácter indómito y bastante solitario. La religión se la trae el pairo, su único dios es la Guerra. Pero eso sí, conoció al padre de Kelhus y eso le permite plantarle cara y no caer de rodillas ante él y terminar convertido en un títere como el resto de la humanidad. Es un tipo muy complejo y con una carga dramática tan colosal que le lleva a rayar los límites de la locura.

Bueno... pues me aburrí. El aburrimiento no fue porque el libro sea malo, esté mal escrito o carezca de ritmo. Además su trama está bien entrelazada y estructurada, posee personajes con fuerza suficiente como los mencionados Kelhus y Cnaiür, el maestro del Mandato Drusas Achamian o la prostituta Esmenet. Y tanto el desarrollo de la Guerra Santa como el de las intrigas que la rodean está bien tejido, siendo desgajado poco a poco para mantener vivo el interés. Pero me aburrí y tuve que esforzarme para terminarlo.

Alguno clamará al cielo, pero Scott Bakker consiguió aburrirme. Terminé el libro porque no me gusta dejarlos a medias, pero lo habría envuelto en un paquetito y enviado al Canadá después de desesperarme al llevar 100 páginas y, por mucho que lo intentara, no entender nada. Cada dos por tres debía consultar los apéndices, me resultaba denso y complejo, una especie de estado de confusión se apoderaba de mi todas las noches... así que sólo me empujaba a seguir leyendo la buena acogida que había tenido la trilogía.

Sí, está repleto de reflexiones sobre la condición humana, algunas muy interesantes y que no dejan de ser un fiel reflejo de la pobreza de algunos de nuestros valores actuales, pero, para mi gusto, es barroco y demasiado filosófico, perdiéndose en recovecos, pensamientos, conversaciones abstractas y metafísicas. Quizá no he sabido leerlo ni valorarlo, pero queda claro que "El Príncipe de Nada" no es una trilogía para todos los públicos (y eso que he leído mucha fantasía épica). Para mi gusto es demasiado ambiciosa al abarcar temas antropológicos, filosóficos, religiosos, políticos, lingüísticos...

Tiene el mérito de no ser una más, de su tratamiento inusual, de algunos personajes únicos y de la complejidad de su trama, pero entre tanta reflexión del autor, de los personajes y de las mías propias, terminé tan perdido como aliviado al concluir su lectura.

VALORACIÓN: 6'5/10

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